Sublime poesía la vida,
gota de rocío que cae,
silencios que dejan el cuerpo en carne viva;
desnudan y hacen renacer
entre cada sonido
y otra vez al silencio.
La brisa que todo toca y atraviesa
y no choca con nada
a la vez que tiene la fuerza de despejar
a esa hoja que, grácil,
cuelga de la rama del árbol.
Así el amor,
así la muerte,
así damos vida en un segundo
y grabamos nuestros patrones en un más allá
no tan allá ni tan acá,
sino mas bien ahí.
La construimos y emparentamos.
Conjugamos sus sentidos en nuestra concepción del mundo,
basta y reducida al mismo tiempo.
Si en cada paso aprendemos,
que el paso no pierda la magia
del primer momento,
la emoción de lo primero,
el descubrimiento.
Aparece...no buscar entender nada
para entenderlo todo.
Si en cada abrazo nos entregamos
que la entrega al momento
no sea mas que aprender del espejo
y que eso no pierda lo lúdico
para que así vivamos en constante juego.

